Foto tomada del Facebook de Washington Pesántez.
Foto tomada del Facebook de Washington Pesántez.

“Yo nombraría de ministro de Defensa a un militar retirado. Habría que sacar las faldas del Ministerio de Defensa; es una administración técnica encargada de la seguridad del Estado”, afirmó el candidato del movimiento Unión Ecuatoriana, Washington Pesántez, durante una entrevista en Políticamente Correcto el pasado 30 de octubre (min. 28:45). Y añadió: “Perdóneme, una mujer puede estar al frente del Ministerio de Salud, de Educación, de todos los ministerios, pero no veo muy bien una mujer en Defensa. Yo no le veo a mi comadre (Lourdes Tibán) vestida de paracaidista, subiéndose a los aviones, a los helicópteros… Yo no pondría a una ministra de Defensa mujer. Si eso es una lectura machista pues…”.

La propuesta del candidato es insostenible con los nuevos acuerdos establecidos por las instituciones ecuatorianas. Solo unos días antes a esta declaración, el 18 de octubre, el Ministerio de Defensa suscribió un Convenio de Cooperación con ONU Mujeres para coordinar precisamente el asesoramiento técnico en temas de equidad.

Durante la última década, tres mujeres han ocupado el Ministerio de Defensa: Guadalupe Larriva, Lorena Escudero y María Fernanda Espinosa. Sin embargo, de 546 funcionarios del Ministerio de Defensa en Quito, solo 189 son mujeres, el 34,6%.

A pesar de que el gobierno implementó una política de equidad de género, los avances son lentos. Según el Ministerio, en la actualidad, el Ejército cuenta con 462 mujeres, 429 en la Marina y 282 más en la Fuerza Aérea. El porcentaje total de personal femenino en las Fuerzas Armadas es del 2,9%.

Otro dato interesante: en julio de este año, por primera vez en los 78 años de historia de la Policía Nacional, dos mujeres fueron nombradas generales, el máximo grado en la institución, en la que hay alrededor de 5.000 mujeres.

Para Pamela Troya, feminista y coordinadora del colectivo Igualdad de Derechos ¡Ya!, lo que dijo el candidato “supone un gran retroceso; está desvalorizando la capacidad de las mujeres en para ejercer un cargo por su condición de mujer”.

La experta menciona que hay una cuestión adicional: “Este régimen ha demostrado que el hecho de poner mujeres en cargos públicos no significa que haya un mayor avance en la lucha de género y de la igualdad per se. El ejemplo es la Asamblea, con tres mujeres encabezándola y no ha habido mayores avances en leyes, como por ejemplo, sobre el aborto. En una sociedad machista y donde existe el patriarcado, en lugar de levantar la voz, lo que han hecho es someterse, y no generar un progreso, incluso ha hecho que mujeres que venían de procesos feministas hayan dado la espalda a nuestras luchas por quedarse en el poder y por darle el discurso”, asegura.