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En una rueda de prensa con medios internacionales el pasado 22 de febrero, el Presidente Rafael Correa advirtió que: “Si gana la oposición, empieza a perseguirnos, quiere destrozar todo lo ganado, existe la figura de muerte cruzada, tenemos la mayoría en la Asamblea y en un año podríamos ver de nuevo aquí. Así que la mejor manera de tenerme lejos un tiempo es que se porten bien, si se portan mal, me les presento y les vuelvo a derrotar”, como recoge en un vídeo en su cuenta de Twitter.

Es cierto que el art. 130 de la Constitución de 2008 faculta a la Asamblea Nacional para destituir al Presidente de la República. Sin embargo, para ello se requiere el voto favorable de las dos terceras partes de los miembros de la Asamblea Nacional, y Alianza PAIS solo tiene 74 escaños en este nuevo Legislativo. Para lograrlo, le faltaría el apoyo de 18 legisladores y tendría que llegar a acuerdos con otros grupos para lograrlo.

No solo eso, también tendría que demostrar que se cumplen una de las dos causas que figuran en la Constitución y aportar pruebas para ello: 1. Por arrogarse funciones que no le competan constitucionalmente, previo dictamen favorable de la Corte Constitucional. 2. Por grave crisis política y conmoción interna.

Pero además, como el propio nombre indica, la figura de muerte cruzada también contempla la posibilidad inversa: el presidente también puede disolver la Asamblea “cuando, a su juicio, ésta se hubiera arrogado funciones que no le competan constitucionalmente, previo dictamen favorable de la Corte Constitucional; o si de forma reiterada e injustificada obstruye la ejecución del Plan Nacional de Desarrollo, o por grave crisis política y conmoción interna”, según dicta la Constitución en el artículo 148. Esta facultad puede ejecutarse una sola vez en los tres primeros años de su mandato.