El discurso de campaña de Lenín Moreno tiene en las mujeres uno de sus ejes principales. Según el candidato de Alianza PAIS, esto responde a una estrategia integral para el ejercicio pleno de los derechos de las ecuatorianas.

 

El pasado 8 de marzo, a propósito del Día Internacional de la Mujer, el presidenciable convocó a la sociedad a trabajar en pos de una agenda nacional por la igualdad que incluya la creación de puestos de trabajo de calidad, la reducción de las brechas salariales, el apoyo a las mujeres en condición de pobreza y el acceso universal a los sistemas de educación y salud. Su objetivo: reducir los niveles de vulnerabilidad que enfrentan para elevar sus condiciones de vida, garantizar la igualdad y empoderamiento de este segmento de la población.

“El país debe asumir como compromisos nacionales la ejecución de políticas para enfrentar fenómenos que incrementan la situación de vulnerabilidad de las mujeres, como que el 27% de las mayores a 15 años no tiene ingresos propios”, sostuvo el representante de AP. Y tiene razón.

Su dato se desprende del informe ‘Mujeres Ecuatorianas, Dos décadas de cambios’, elaborado por ONU Mujeres y presentado en septiembre de 2016. De acuerdo al análisis, una gran proporción de ecuatorianas no genera ingresos. La brecha entre hombres y mujeres sin ingresos se mantiene en un promedio de 3 a 1 en 20 años: a 2014 el 9% de hombres y el 27% de mujeres mayores a 15 años no tenía ingresos propios.

En términos laborales, los datos del INEC sostienen la afirmación de desigualdad. La Encuesta Nacional de empleo, desempleo y subempleo con datos de diciembre de 2016 arroja cifras en torno a los indicadores:

De acuerdo a la ONU, uno de los factores estructurales de la desigualdad de ingresos tiene que ver con que una proporción importante de la población en edad de trabajar no genera ingresos, pero sí trabajo no remunerado que es transferido a la economía, y otra proporción recibe ingresos por debajo de su productividad. Las mujeres están sobrerrepresentadas en ambos grupos.

Ese es uno de los vínculos más visibles entre la desigualdad general y la desigualdad de género, que se explican mutuamente. Por otro lado, si bien existe un ingreso creciente de mujeres al mercado laboral, esto no ha significado que sus tareas de sostenimiento se reduzcan,  sino un incremento de su carga de trabajo. El mercado reproduce una desventaja reflejada en menores salarios relativos y barreras al progreso en la carrera laboral.

La ONU señala que a las mujeres les es más difícil transformar sus capacidades en ingresos, dada una desigualdad estructural en el ámbito público y privado. Esto las coloca en una situación de desventaja económica. Las mujeres por ende trabajan más, pero tienen menor comando sobre sus recursos y lo que producen no siempre se refleja en ingresos monetarios.