Alessandra Monnerat

(Artículo publicado en Blog Periodismo en las Américas)

Las FARC recibirán ayuda gubernamental por 1.8 millones de pesos colombianos durante cinco años. Los combatientes no irán a la cárcel. Timochenko, el líder del grupo armado, podría convertirse en presidente de Colombia.

Esas fueron solo algunas de las falsas o exageradas declaraciones hechas por el expresidente Álvaro Uribe antes del plebiscito que rechazó el acuerdo de paz entre el Gobierno colombiano y las guerrillas, de acuerdo con el sitio web de fact-checking Colombia Check.

El debate que antecedió al voto del pueblo colombiano fue permeado por mentiras, rumores y post-verdades, de acuerdo con Fabio Posada, editor de Colombia Check. Para él, la gente se interesa cada vez menos en conocer la verdad y las razones detrás del comportamiento de sus líderes.

“[La gente] está más propensa a seguir un ideal que interprete su descontento o sus miedos, incluso si el líder que los representa tiene un discurso plagado de inconsistencias”, dijo Posada al Centro Knight. “Ya no estamos en un mundo en el que se use la razón. Estamos en un mundo que prefiere el bullying. Ese es el desafío que periodistas y fact-checkers debemos descifrar en esta época en la que vivimos”.

En ese escenario de “post-verdad”, las iniciativas de fact-checking han experimentado un boom global, incluyendo a América Latina, donde cada vez más periodistas están involucrados en iniciativas de chequeo del discurso público o de verificación de la noticias y rumores que proliferan en las redes sociales.

Actualmente, al hacer una búsqueda en Google es fácil identificar si los resultados que se muestran son o no “fake-news”. Desde febrero, un sello de Google Noticias indica al usuario la información que ha sido verificada por organizaciones independientes como Chequeado, de Argentina; ChecaDatosMx y El Sabueso, de México; o Agência Lupa, Aos Fatos y Agência Pública, de Brasil.

Ese es solo un símbolo de cómo el fact-checking se está estableciendo cada vez más en la región -en América Latina están 14 de las 115 iniciativas activas de fact-checking en el mundo-, de acuerdo con una encuesta del Dukes Reporters’ Lab publicada en febrero. En 2014, ese número era apenas de tres.

La verificación de información no es algo nuevo en el periodismo. En las redacciones tradicionales, los textos son revisados en múltiples ocasiones antes de su publicación para asegurar la veracidad de los hechos y la precisión con la que están escritos. Pero desde la década de los 2000, comenzó a surgir un tipo diferente de verificación de hechos posterior a su publicación, esta vez enfocada en declaraciones hechas por figuras públicas. La “verdad” también comenzó a ser medida objetivamente, ya sea en “Pinochos”, como en el Fact Checker de The Washington Post, o con etiquetas de varios niveles, como en el Truth-O-Meter de Politifact.

“La verificación siempre ha sido parte del periodismo. Lo que cambia es que una de las etapas de la producción de información se volvió la parte más importante de la noticia”, dijo al Centro Knight Fabio Vasconcelos, coordinador del blog de fact-checking É Isso Mesmo?, del periódico tradicional brasileño O Globo.

De acuerdo con el Poynter Institute, el fact-checking como lo conocemos hoy surgió en 2003, con el lanzamiento del sitio Factcheck.org en Estados Unidos. Fue también en ese país donde el género fue reconocido como una forma de periodismo de gran valor, cuando PolitiFact ganó el Premio Pulitzer en 2009.

La práctica ha crecido, y hoy los verificadores del mundo tienen una red de colaboración internacional (la International Fact-Checking Network – IFCN, del Poynter Institute), un código de principios, una cumbre global anual e inclusive un día internacional del fact-checking, que se celebra el 2 de abril, un día después del April Fool’s Day.

Los verificadores latinoamericanos están entre los pioneros de esta práctica periodística y están ayudando a construir la forma que tendrá la verificación del discurso y el cómo se realizará en el futuro.

INNOVACIONES LATINOAMERICANAS

Uno de los líderes de las innovaciones en esa área es Chequeado, un sitio argentino dedicado exclusivamente al fact-checking, el primero en su tipo en América Latina. Desde su creación en 2010, la organización afirma que su metodología ha sido usada en al menos ocho nuevos sitios de la región.

“El verdadero motivo del éxito de estas iniciativas es el calibre de algunos de los líderes de las organizaciones de fact-checking en América Latina, comenzando por Chequeado, que realmente ha impulsado mucho el debate”, dijo Alexios Mantzarlis, director de IFCN, al Centro Knight.

Desde 2015, Chequeado tiene su propia división de innovación. Algunos de los proyectos desarrollados bajo esa bandera incluyen a Chequeador, una plataforma de verificación colaborativa entre usuarios (o crowd-checking); ChequeadoEducación, un espacio de aprendizaje en línea; CHQueate!, un juego de preguntas y respuestas sobre fact-checking; y Justiciapedia, un mapa interactivo de relaciones entre operadores del Derecho: jueces, fiscales y abogados.

Sin embargo, uno de los avances más significativos que salieron de Buenos Aires es el uso de la automatización en el fact-checking. Imagine, por ejemplo, que un político da un discurso e instantáneamente se puede saber qué tanto de lo que está diciendo está respaldado por datos. Por ahora, este escenario está todavía en el terreno de la ficción, como Pablo Martín Fernández, director de innovación de Chequeado, explica en este artículo, en el que puso el ejemplo anterior. Pero la organización ya ha trabajado con automatización de fact-checking de declaraciones previamente verificadas “manualmente”.

Ya existe tecnología práctica que ayuda a monitorear declaraciones hechas en periódicos, debates legislativos y en Twitter, a identificar cuáles de ellas ya han sido analizadas con métodos de fact-checking y a dar pequeños veredictos de “falso” o “verdadero”, como reportó el sitio británico Full Fact el año pasado.

“La verificación es automática si alguien repite una declaración que ya ha sido verificada anteriormente. Tenemos un prototipo que está apenas en una primera fase. Vamos a continuar apostando por la automatización. No va a suceder inmediatamente, pero en algunos años la gente va a comenzar a usar esa tecnología”, explicó Laura Zommer, directora ejecutiva de Chequeado, al Centro Knight.

La próxima fase de la automatización, liderada por Full Fact con el incentivo de la iniciativa de Noticias Digitales de Google, es usar el Procesamiento de Lenguaje Natural (un área de la computación que es capaz de comprender las lenguas humanas) y el análisis estadístico para, además de identificar las declaraciones que aún no han sido previamente verificadas por seres humanos, verificarlas automáticamente en una base de datos.

EL PÚBLICO VERIFICADOR

Otras iniciativas en América Latina han innovado en términos del formato en el que se presenta el contenido verificado: en lugar de artículos largos, las organizaciones de fact-checking han apostado por tuits, videos, memes, GIFs y sentido del humor. (La segunda parte de este doble artículo sobre fact-checking explorará este tema más a detalle).

“Hay estudios que indican que los tuits son frecuentemente compartidos sin haber dado clic en ellos. Por eso, es importante que los verificadores ofrezcan información precisa y correcta en los 140 caracteres que están disponibles”, dijo Mantzarlis.

Zommer resalta que esta preocupación se debe especialmente al hecho de que en la región, el público tiende a leer menos sobre política, y por tanto está menos informado sobre decisiones tomadas en la esfera pública. “Investigaciones realizadas en Estados Unidos apuntan a que, para la gente que ya tiene una postura política fuerte, los hechos no ayudan. Pero la gente que no está involucrada en política podría cambiar de opinión”, dijo Zommer.

La sección É Isso Mesmo? (¿Es Así?) del periódico O Globo, en Río de Janeiro, surgió como parte de una campaña publicitaria para combatir las “fake news”, un término popularizado por la campaña de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos.

“Trump sólo hizo más evidente lo que ya estaba sucediendo en el mundo digital: el hecho de que cualquier usuario podía producir información. Lo que sucede con Trump es que un poder político está usando una agenda para diseminar noticias falsas. La labor del fact-checking es contrarrestar el volumen de esos rumores”, dijo Vasconcelos.

En Argentina, las noticias falsas y la falta de transparencia existen desde hace muchos años. De acuerdo con Zommer, el público termina por creer lo que parece plausible. “Por ejemplo, en 2008 nuestro gobierno [en Argentina] no publicó los registros de crímenes. En 2012, los registros de pobreza no fueron publicados porque los índices se estaban incrementado. Gran parte de los medios apenas publicó lo que el gobierno decía. Existe mucha mala información y los medios no quieren ir más allá de esa información. Eso no es periodismo”, dijo Zommer.

En ese contexto, los medios digitales latinoamericanos han intentado cada vez más atraer al público para que participe en la verificación de los hechos. En la plataforma Chequeador, de Chequeado, ya es posible ver varias declaraciones de figuras públicas que fueron verificadas usando paso a paso la guía de la organización argentina de manera colaborativa y fueron puestos a votación de los usuarios de acuerdo con su relevancia.

“El verdadero motivo del éxito de estas iniciativas es el calibre de algunos de los líderes de las organizaciones de fact-checking en América Latina, comenzando por Chequeado, que realmente ha impulsado mucho el debate”, dijo Alexios Mantzarlis, director de IFCN, al Centro Knight.

Desde 2015, Chequeado tiene su propia división de innovación. Algunos de los proyectos desarrollados bajo esa bandera incluyen a Chequeador, una plataforma de verificación colaborativa entre usuarios (o crowd-checking); ChequeadoEducación, un espacio de aprendizaje en línea; CHQueate!, un juego de preguntas y respuestas sobre fact-checking; y Justiciapedia, un mapa interactivo de relaciones entre operadores del Derecho: jueces, fiscales y abogados.

Sin embargo, uno de los avances más significativos que salieron de Buenos Aires es el uso de la automatización en el fact-checking. Imagine, por ejemplo, que un político da un discurso e instantáneamente se puede saber qué tanto de lo que está diciendo está respaldado por datos. Por ahora, este escenario está todavía en el terreno de la ficción, como Pablo Martín Fernández, director de innovación de Chequeado, explica en este artículo, en el que puso el ejemplo anterior. Pero la organización ya ha trabajado con automatización de fact-checking de declaraciones previamente verificadas “manualmente”.

Ya existe tecnología práctica que ayuda a monitorear declaraciones hechas en periódicos, debates legislativos y en Twitter, a identificar cuáles de ellas ya han sido analizadas con métodos de fact-checking y a dar pequeños veredictos de “falso” o “verdadero”, como reportó el sitio británico Full Fact el año pasado.

“La verificación es automática si alguien repite una declaración que ya ha sido verificada anteriormente. Tenemos un prototipo que está apenas en una primera fase. Vamos a continuar apostando por la automatización. No va a suceder inmediatamente, pero en algunos años la gente va a comenzar a usar esa tecnología”, explicó Laura Zommer, directora ejecutiva de Chequeado, al Centro Knight.

La próxima fase de la automatización, liderada por Full Fact con el incentivo de la iniciativa de Noticias Digitales de Google, es usar el Procesamiento de Lenguaje Natural (un área de la computación que es capaz de comprender las lenguas humanas) y el análisis estadístico para, además de identificar las declaraciones que aún no han sido previamente verificadas por seres humanos, verificarlas automáticamente en una base de datos.

EL PÚBLICO VERIFICADOR

Otras iniciativas en América Latina han innovado en términos del formato en el que se presenta el contenido verificado: en lugar de artículos largos, las organizaciones de fact-checking han apostado por tuits, videos, memes, GIFs y sentido del humor. (La segunda parte de este doble artículo sobre fact-checking explorará este tema más a detalle).

“Hay estudios que indican que los tuits son frecuentemente compartidos sin haber dado clic en ellos. Por eso, es importante que los verificadores ofrezcan información precisa y correcta en los 140 caracteres que están disponibles”, dijo Mantzarlis.

Zommer resalta que esta preocupación se debe especialmente al hecho de que en la región, el público tiende a leer menos sobre política, y por tanto está menos informado sobre decisiones tomadas en la esfera pública. “Investigaciones realizadas en Estados Unidos apuntan a que, para la gente que ya tiene una postura política fuerte, los hechos no ayudan. Pero la gente que no está involucrada en política podría cambiar de opinión”, dijo Zommer.

La sección É Isso Mesmo? (¿Es Así?) del periódico O Globo, en Río de Janeiro, surgió como parte de una campaña publicitaria para combatir las “fake news”, un término popularizado por la campaña de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos.

“Trump sólo hizo más evidente lo que ya estaba sucediendo en el mundo digital: el hecho de que cualquier usuario podía producir información. Lo que sucede con Trump es que un poder político está usando una agenda para diseminar noticias falsas. La labor del fact-checking es contrarrestar el volumen de esos rumores”, dijo Vasconcelos.

En Argentina, las noticias falsas y la falta de transparencia existen desde hace muchos años. De acuerdo con Zommer, el público termina por creer lo que parece plausible. “Por ejemplo, en 2008 nuestro gobierno [en Argentina] no publicó los registros de crímenes. En 2012, los registros de pobreza no fueron publicados porque los índices se estaban incrementado. Gran parte de los medios apenas publicó lo que el gobierno decía. Existe mucha mala información y los medios no quieren ir más allá de esa información. Eso no es periodismo”, dijo Zommer.

En ese contexto, los medios digitales latinoamericanos han intentado cada vez más atraer al público para que participe en la verificación de los hechos. En la plataforma Chequeador, de Chequeado, ya es posible ver varias declaraciones de figuras públicas que fueron verificadas usando paso a paso la guía de la organización argentina de manera colaborativa y fueron puestos a votación de los usuarios de acuerdo con su relevancia.

La idea es enseñar la importancia de la verificación de datos no sólo a las futuras generaciones de votantes, sino también a los próximos políticos y representantes de la sociedad. El año pasado acudieron mil 200 estudiantes de dos provincias de Buenos Aires. Este año, el número se incrementó a 5 mil asistentes de cinco provincias.

“La escuela secundaria es el momento en el que esos jóvenes comienzan a convertirse en ciudadanos. En Argentina, la gente puede votar desde los 16 años. Una de las cosas que observamos es que los profesores enseñan cómo hacer buenos discursos, pero no enseñan cómo usar la información. Con grupos de fact-checking, ellos aprenden a hacer un discurso con buena información”, dijo Zommer.

En Brasil fueron lanzadas dos iniciativas con propósitos educativos: como parte del Día Internacional del Fact-Checking, el sitio Aos Fatos lanzó una serie de aulas en línea en colaboración con el Instituto Tecnologia e Sociedade, de Río de Janeiro, y la Agência Lupa estrenó Lupa Educação.

“Es una rama para el público en general, para quien quiera aprender a hacer lo que hacemos, seguir nuestra metodología”, dijo Cristina Tardáguila, fundadora y directora de Lupa, al Centro Knight. “Eso es extremadamente importante en la filosofía de la empresa y en mis creencias personales también. Una persona que controla bien los datos termina por tomar mejores decisiones”.