El pasado 17 de mayo Rafael Correa realizó su último viaje como Presidente del Ecuador. El destino: Argentina; donde recibió su décimo quinto Honoris Causa. La Universidad Nacional de Quilmes, en Buenos Aires, le entregó el reconocimiento. En el encuentro, el Presidente saliente aprovechó para impartir una charla magistral sobre los avances económicos de Ecuador durante la última década. Y uno de los logros que resaltó fue que en “2014 el salario mínimo igualó al salario digno”.

La afirmación es verdadera. Pero para comprenderla es preciso analizar algunos factores. ECUADOR CHEQUEA buscó la asesoría de Leonardo Sempértegui. El abogado explica que primero se debe entender que ambos rubros corresponden a dos categorías diferentes. El salario básico unificado se fija anualmente por el Ministerio del Trabajo, conforme al Art. 117 del Código del Trabajo y es mandatorio absolutamente. Es decir, ninguna empresa o empleador puede pagar a sus empleados menos de ese valor, bajo ningún concepto o excusa.

Por su parte, el salario digno es un concepto de aspiración. Está reflejado en el artículo 328 de la Constitución y se desarrolla en el Art. 8 del Código Orgánico de la Producción. Este ‘sueldo’ busca que las empresas distribuyan cierta parte de sus utilidades o ganancias a sus trabajadores (además del 15% usual), para que tengan un ingreso adicional que se equipare al costo de la canasta básica familiar.

En ese contexto, el salario digno se pagará a los trabajadores siempre que:

a) La empresa genere utilidades

b) Que el sueldo normal que recibe el empleado no alcance al costo de la canasta básica familiar, tomando en cuenta el número de perceptores de cada hogar.

Por lo tanto, una empresa no tiene obligación de pagar el salario digno (que es un ajuste anual que se hace generalmente en abril del año siguiente), si es que no se cumplen estas condiciones.  En pocas palabras, este concepto busca redistribuir algo más de las utilidades, entre quienes tienen sueldos realmente bajos.

Tal como lo menciona Correa, en 2014 ambos –básico y digno- se equipararon. Sin embargo, en valores absolutos no fueron iguales. El salario básico unificado de ese año fue de USD 340; mientras el digno fue de USD 397.99. No obstante, hay que considerar que el trabajador no recibe solamente ese rubro, sino otros beneficios de ley que, efectivamente, incrementan su remuneración, algunas de ellas obligatorias (décimo tercera y décimo cuarta remuneración), algunas que se adquieren con el tiempo (fondos de reserva) y otras que dependen enteramente del acuerdo laboral o el desempeño empresarial (utilidades, comisiones y beneficios negociados colectivamente).

En el caso de un trabajador que ganaba USD 340, se debe sumar mensualmente USD 28.33 por décimo tercer sueldo y USD 28.33 por décimo cuarto sueldo. Con eso suma el trabajador USD 396.66 mensual, que es –virtualmente- el valor del salario digno. Es decir, al hacer ese cálculo, el Presidente está en lo correcto.

Según el experto, esa situación tiene dos caras: por un lado, es ideal que los trabajadores reciban una remuneración que les permita cubrir los costos básicos vitales, a lo que cada país debe aspirar. Sin embargo, un aspecto negativo es que el alza tan pronunciada de sueldos (comparada con la inflación general del país, es decir, el aumento de precios de todos los bienes) hace que producir en Ecuador sea caro, más que en otros países de la región. Por lo tanto, las empresas deben subir sus precios, lo que reduce la demanda y puede llevar a reducir el número de empleados. Podría ocurrir que haya empleados ganando un mejor sueldo, pero que sean menos las personas empleadas.