Moreno encabezó el evento "No te quedes de manos cruzadas"
Fuente: Facebook

Lenín Moreno encabezó el lanzamiento de la campaña “No te quedes de brazos cruzados”, el pasado 24 de noviembre, en Guayaquil. Durante su discurso, el Primer Mandatario destacó que su Gobierno trabaja en el Plan Nacional de Erradicación de la Violencia, el cual tendrá tres ejes: prevención, atención, protección y reparación. El Presidente puntualizó que “la pobreza es un detonante para la violencia de género. Una manera de prevenirla es promover el emprendimiento productivo de las mujeres”. Esta afirmación tenía la finalidad de destacar las acciones enfocadas en brindar créditos preferentes para esta población.

El Ministerio del Interior, la Comisión de Transición y el Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos, en la Encuesta Nacional de Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres, definen cuatro tipos de violencia:

Violencia física: Todo acto de fuerza que cause, daño, dolor o sufrimiento físico en las personas agredidas cualquiera que sea el medio empleado y sus consecuencias.

Violencia psicológica: Constituye toda acción u omisión que cause daño, dolor, perturbación emocional, alteración psicológica o disminución de la autoestima de la mujer o familiar agredido.

Violencia sexual: Se considera violencia sexual la imposición en el ejercicio de la sexualidad de una persona a la que se le obligue a tener relaciones o prácticas sexuales con el agresor o con terceros, mediante el uso de fuerza física, intimidación, amenazas o cualquier otro medio coercitivo

Violencia patrimonial: La transformación, sustracción, destrucción, retención o distracción de objetos, documentos personales y valores, derechos patrimoniales o recursos económicos destinados a satisfacer las necesidades de las víctimas.

En esta encuesta se expone una relación entre mujeres que han vivido violencia de género y quintiles de ingreso per cápita del hogar. Es decir, se analiza la relación que existe entre las agresiones y los ingresos que percibe un hogar, donde el primer quintil representa a los de menores ingresos y el quinto quintil a los que registran mayor cantidad.

A través de este cuadro es posible evidenciar que la violencia de género está generalizada en todos los quintiles. Siendo mayor en el cuarto y tercer quintil, por encima de los hogares con menores ingresos.

Además, en el documento “La violencia de género contra las mujeres en el Ecuador”, en el cual se analiza los resultados de la Encuesta Nacional sobre Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres, se recalca que “Los planteamientos de las organizaciones de mujeres y feministas del Ecuador y de distintas partes del mundo, y de varias investigaciones realizadas en el país y la región (Londoño 1993, CEPAM 1998, Camacho 1996, OPS 1998), han mostrado que la violencia basada en las construcciones y valoraciones de género es un riesgo y un problema que afecta a todas las mujeres, independientemente de su nacionalidad, cultura, religión, edad, estado civil o situación socioeconómica“.

En Ecuador, la magnitud de la violencia de género por parte de la pareja o expareja de la víctima, en su conjunto, no difiere entre las mujeres que viven en el campo (48,5%) respecto a quienes residen en los centros urbanos (48,7%). Esto, a pesar de que, según el INEC, en el país existe una mayor concentración de la pobreza en el sector rural (41%) frente al urbano (23%).

Al analizar los datos en torno a la violencia de género en relación a los quintiles de ingreso en los hogares la conclusión es similar. Así, los resultados muestran que en términos generales no hay diferencias significativas entre los cuatro primeros quintiles, puesto que el porcentaje de mujeres violentadas por sus parejas es prácticamente el mismo en todos los tipos de agresiones.

A partir de estos datos, el Ministerio del Interior, el Consejo Nacional para la Igualdad de Género, el INEC y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) concluyeron que:

La violencia de género ocurre en todos los estratos socioeconómicos, y que contar con mayores ingresos puede contribuir para que las mujeres tengan más educación o mejores condiciones para evitar o detener la violencia; pero que no constituye una garantía de estar exentas de sufrir malos tratos por parte de su pareja o expareja. En ese sentido, se puede reforzar la afirmación de que la violencia contra las mujeres es un problema socio cultural que se sustenta en la valoración diferenciada de lo masculino y lo femenino, que se traduce en relaciones asimétricas de género que discriminan y colocan en situación de desventaja a las mujeres.