Las estrategias de campaña se renuevan desde lo habitual, pero haciendo un puente paradójico. ¿Por qué paradójico? Vamos por partes. Este fin de semana circuló en redes un video del colectivo Resistencia Ec en el que un grupo de personajes públicos -entre ellos escritores, artistas, actores, deportistas, activistas, políticos, periodistas- explican el por qué van a votar sí en cada pregunta y exhortan a la ciudadanía a hacer lo propio.

 

Esta propaganda en sí, dentro del contexto de la consulta, resulta novedosa en cuanto a contenido y calidad, aunque se trate de un recurso ampliamente usado tanto para campañas de corte político como social (guardando las enormes distancias con el malogrado video del No del que se habló en días pasados en esta columna, el principio es el mismo). Es decir, era plenamente predecible que se buscaran líderes de opinión de distintas áreas con los que la gente pudiera identificarse para generar empatía.

Por ese lado, tal estrategia debería haber resultado un acierto y circulado masivamente, pero las cifras en redes dicen lo contrario. Apenas 500 visualizaciones en Facebook desde que se publicó el pasado 27 de enero, 111 retuits en Twitter y 747 visualizaciones en YouTube. Números que sorprenden, tomando en cuenta que los videos pueden viralizarse en cuestión de horas. La percepción desde el lugar de enunciación personal puede resultar engañosa. Finalmente, las figuras públicas que aparecen en el video resultan significativas o representativas para una minoría de la población, y para muchos, varios de los que allí aparecen quizás sean unos ilustres desconocidos. Por lo tanto, ¿a quién se dirige el video?

Esa es la pregunta que quizás devela una estrategia equivocada. El video se dirige, se quiera o no, a una élite cultural e intelectual, a una porción de la población con acceso a educación, cultura e información que no está al alcance de todos. Y el error consiste en hablarle a ese estrato que ya va a votar por el Sí y que ya tiene una visión crítica acerca de las preguntas. Es la gente que justamente ya se ha interesado por indagar más allá de la fachada. Entonces, resulta redundante hablarles a aquellos que ya tienen clara su postura. Si se quiere captar votantes, habría que entender mejor a quienes se quiere dirigir. De ahí la paradoja: tratar de convencer a quienes ya están convencidos.

Ahora bien, la propuesta del video -y el título lo avala- es el voto crítico. Y varios personajes que intervienen en el mismo, lo recalcan. Posiblemente la estrategia es generar esa conciencia extra acerca del Sí sin restricciones. Y prácticamente lo crítico del voto se concentra en la pregunta sobre la reestructuración del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, incluso se dedica 1 minuto con 30 de un total de 3 minutos con 20 a argumentar alrededor de tal pregunta, el tiempo más largo otorgado a una interrogante en el video.

La idea de la ciudadanía alerta se emplaza en medio de la discusión, y da como resultado el mismo mensaje que los medios envían a Lenín Moreno: te apoyamos pero te vigilamos. Ahora, si el video en cuestión busca un voto crítico que active a un pequeño grupo de ciudadanos a estar alerta, sobre todo en la elección del CPCCS transitorio, pues podría declararse como una estrategia adecuada, ya que en general son las minorías críticas las que mueven la opinión pública. Sin embargo, pese a que hay campañas de todo tipo y con distintos lenguajes, el planteamiento del Sí crítico en un video de campaña resulta único y es casi una pena que la idea no llegue a un grupo poblacional más amplio.

Hay el riesgo de que, planteado a la ligera y sin explicaciones claras, se pueda sobreentender erróneamente que el Sí crítico sea un No en el momento de votar. Si las ideas sin contexto se empiezan a repetir irreflexivamente, como suele pasar en redes sociales a menudo, la propuesta del Sí crítico podría convertirse en un tiro por la culata, y por ello es que es importante llegar con el mensaje contextualizado a un público más amplio, pues tampoco se puede subvalorar al votante.

En conclusión, el Sí crítico es para unos pocos y el mensaje se mantiene: la masa debe votar por el Sí emocional y en paquete, sin mayor reflexión que la de deshacerse de Rafael Correa.