La Consultora: ¿El poder ciudadano o el poder político?


A medida que se acerca el día cero, la campaña parece reforzarse en redes sociales, contando con estas como sus principales aliadas. Es así que en menos de media hora, en el feed de Facebook aparecen cuatro vídeos promocionados por distintos actores políticos que van por el Sí. El primero, una propaganda de Jimmy Jairala, prefecto de Guayas y director de Centro Democrático, en la que se usa actores recreando una conversación con lenguaje coloquial, mientras el uno le explica al otro por qué votar sí a la pregunta sobre el tema corrupción.

El siguiente spot en aparecer fue el de la asambleísta de SUMA Gabriela Larreátegui, en el que se dirige a los votantes y, nuevamente, argumenta por qué votar sí a cada pregunta. La asambleísta termina sentada en una banca de la Plaza de la Independencia, y el video cierra con uno de los personajes habituales del lugar haciendo porras por el Sí.

Otro video fue el del exasambleísta desafilado de AP, Christian Viteri, en que se muestra un extracto de una entrevista en alguna radio, en donde explica por qué votar sí a la pregunta sobre la muerte política a funcionarios condenados por corrupción. Por último, la canciller María Fernanda Espinosa aparece en otro spot en que empieza dirigiéndose a los migrantes y básicamente propone votar por el sí para promover el cambio.

Ninguno de estos vídeos que aparecieron uno tras otro intenta generar mayor reflexión alrededor de las preguntas. Lo que sí buscan todos es alcanzar cierta cercanía con el votante y apelar a su rechazo a los diez años de correísmo. Referencias directas o indirectas a ello se encuentran en todos los spots mencionados, los cuales son un termómetro de toda la campaña por el Sí.
Y justamente, dentro de esa muestra representativa, así como en el mensaje general difundido por la campaña por el Sí, no se observa eso que Alfredo Pinargote, de Ecuavisa, mencionó en su comentario editorial ayer (29 de enero): una agenda post consulta. Esta crítica surgida de la postura personal del periodista resulta novedosa en medio del proceso, pues no sólo la campaña y quienes apoyan el Sí -o incluso por el No- han dejado de lado esa particularidad, sino los propios medios de comunicación, los cuales no han indagado ni han cuestionado a profundidad a los actores políticos acerca de la elaboración de un plan para reestructurar la institucionalidad del país luego de la consulta.
El descuido en la profundización de los temas, así como la ausencia del después del proceso, resulta evidente e intencionado. Los medios han dejado de lado una de sus labores primordiales como lo es la de cuestionar y vigilar al poder, en pos de alinearse a un proyecto político que resulta conveniente en su intento de sepultar de una vez los ecos de un gobierno autoritario y censurador que coartó la libertad de expresión y la libertad de prensa.
Ahora, la carta que se juegan los medios es peligrosa, pues parecería que están apostándolo todo a una sola jugada. Y con ello dejan de lado también la labor de informar para convertirse en meros reproductores del discurso oficial. El propio Pinargote, en el editorial antes citado, desvela lo que es realmente la consulta: “un mandato plebiscitario político, aunque todos los actores políticos se han esmerado en la campaña en decir que no es político, cuando es todo lo contrario”.
El error aquí es que tal afirmación se escapa a la autocrítica, pues los medios, al reproducir el discurso oficial, cometen el mismo error de negar que todo el asunto es político y no un proceso social y ciudadano para recuperar la democracia, pues nosotros, los votantes, finalmente no decidimos nada. Son los actores políticos en el poder quienes lo harán, y la clave, como se sabe, está en la conformación del Consejo de Participación Ciudadana transitorio. No obstante, lo que toda la campaña por el Sí -y los medios haciéndose eco del mensaje- nos quieren hacer creer es que nosotros, los ciudadanos, tenemos el poder con nuestro voto. Cosa más errada, pues nuestro voto finalmente es utilitario y servirá para los propósitos políticos que la élite en el poder decida. Estamos a merced de esa voluntad.