La Consultora: Fin de campaña


La campaña cerró de manera intensa y agitada. Todo por un nuevo episodio más de rechazo colectivo a Rafael Correa, el cual se convirtió en el más violento desde que se inició el periodo de proselitismo. Los sucesos de Quinindé coparon redes y medios, y prácticamente eclipsaron el cierre de campaña por el Sí, otorgando un protagonismo involuntario al No.
Toda la situación inevitablemente fue comparada con los hechos del 30 S, en los que el expresidente estuvo supuestamente retenido varias horas en el hospital de la Policía. En esta ocasión, redes y algunos medios no pudieron evitar los paralelos. Correa se declaraba a través de su cuenta de Twitter, nuevamente, imposibilitado de salir debido a una turba de manifestantes en su contra que lo esperaba en los exteriores de una radio, y la opinión pública recordaba con cierta ironía aquel capítulo pasado. Como si se tratase de una caricaturización de lo grotesco.


El ruido generado llegó hasta medios internacionales alineados con la izquierda como RT, que le dio un cariz aún más extremo a la noticia: señalaba como un hecho que había gente armada, lo cual era tomado de lo que había declarado Correa en un tuit. Los medios locales, por el contrario, no hicieron mayor referencia a aquello sino más bien a hacer una crónica de los hechos.
Diario El Comercio, incluso, aprovechó la noticia para hacer una cronología de los conflictos y agresiones sufridas por Correa durante su campaña por el No. No puede dejar de pensarse en la intención detrás de ese gesto periodístico. Hay una voluntad de reforzar la cualidad negativa del personaje y el rechazo que genera. Sin embargo, la duda recae en si aquellas manifestaciones de repudio son en realidad un medidor de fondo y no una simple manifestación de forma. No es gratuito -y por lo tanto lejos de toda espontaneidad- el que el último día se hayan producido los actos de rechazo más airados.
No cabe duda que estos actos, que aunque revirtieron por un día la tendencia mediática de darle más espacios al Sí, sirvieron también para alimentar la representación negativa de Correa y su campaña por el No, que resultaba tan necesaria para seguir alimentando la narrativa del antagonista. Lo cierto es que aunque todos estos hechos podrían denotar a simple vista que el No no prosperará, podrían de todos modos ser una especie de puesta en escena con el fin de impactar a la opinión pública.
Persiste la duda de la existencia del correísmo de clóset, cuyos partidarios si bien ya no se atreven a defenderlo públicamente sí podrían hacerlo en las urnas. Por ello, la última palabra la conoceremos el domingo, mientras tanto, sólo podemos especular. Está comprobado que frente al fanatismo y el culto a la personalidad no hay razones -ni huevazos- que valgan.