En Quito, los Centros de Tránsito Temporales han albergado alrededor de 280 venezolanos en casi un mes

La crisis migratoria venezolana no ocurrió de repente. En 2010, el Ministerio de Relaciones Exteriores cifró 31.128 arribos de venezolanos al país, de los cuales 31.105 registraron su salida. En ese año, apenas 23 se quedaron en territorio ecuatoriano. Ocho años después, entre enero y junio de 2018, 453.930 entraron y 382.628 salieron de Ecuador. Durante los primeros seis meses de este 2018, aproximadamente 71.000 migrantes se quedaron. El pico se dio cuando el pasado 9 de agosto 5.374 venezolanos ingresaron a través del Puente Internacional Rumichaca.

Daniel Regalado, presidente de la Asociación Civil Venezuela en Ecuador, explica que hacia el país se produjeron tres oleadas migratorias importantes. Las cuales se clasifican por fechas:

Años Tipo de migrantes
2008 – 2014 Profesionales e inversionistas
2014 – 2018
Profesionales especializados por áreas y emprendedores
2018 enero – junio Personas de “muy bajos recursos”

En el caso de los dos primeros grupos humanos que migraron desde Venezuela su tránsito fue planeado y, por ende, contaban con los recursos para establecerse en un nuevo país. Por el contrario, la ola migratoria del 2018 aglutinó a personas cuya única finalidad fue escapar de la crisis económica, social y política. Viajaron sin recursos. En algunos casos el recorrido se realizó a pie y el tránsito se transformó en un éxodo que se registrado por los medios de comunicación:

Edilson Rodríguez salió de Barinas, Venezuela, en enero de 2018. Viajó directo a Lima pasando de un autobús a otro durante cinco días. En su país dejó a su esposa embarazada, Alejandra Rodríguez, con la promesa de buscar trabajo, ahorrar dinero y establecerse en la capital peruana. Los planes no resultaron. Edilson advirtió que «la situación está difícil en Perú, como en todos los países de América Latina«. El migrante recuerda que estuvo dos meses desempleado antes de viajar a Quito; además, Alejandra adelantó su salida de Venezuela debido a la agudización en la crisis sanitaria de su país. La hija de Edilson nació el 12 de julio en Quito.
«Nació mi hija aquí, en Ecuador. Tengo una hija de 1 mes y 4 días, fue mi motivo, el deseo de padre para estar con mi hija y apoyarla». Llegó hasta Guayaquil desde Lima en bus, gastando en su boleto cada centavo que ahorró durante su estadía en Perú. Cuando el dinero se acabó, recibió el apoyo de sus compatriotas asentados en Guayaquil, todo con la única meta de conocer a su pequeña. Recuerda que cuando por fin llegó al terminal de Carcelén, en agosto de 2018, sus compatriotas se burlaban de su maleta destrozada. «Usted viene de lejos, hermano, esa cosa ya no aguanta más», le decían.  Al final, entre las risas, un desconocido le sugirió que pruebe suerte en el «refugio de La Delicia, porque quizá allá lo puedan recibir».
Rodríguez ahora es el coordinador interno del Centro de Tránsito Temporal La Delicia, en el norte de Quito. Su esposa e hija lo acompañan en este lugar que llaman «hogar», aunque no es una residencia permanente.
Los Centros Temporales de Tránsito son una respuesta del Municipio de Quito, en coordinación con distintas instituciones del Gobierno, frente a la problemática del alojamiento de las personas que se encuentran en albergues improvisados a las afueras del terminal de Carcelén. En estos centros la prioridad es el alojamiento de grupos vulnerables: embarazadas, niños, personas de la tercera edad.
El CTT «La Delicia» funciona de forma temporal en el edificio del Cuerpo de Agentes de Control Metropolitano de Quito. Distintas salas de 6 metros de ancho por 15 de largo dan cabida a 10 literas en las que descansan los migrantes. Los baños y la cocina son espacios comunes. Hay una cancha de voleibol y otra de fútbol. El Municipio entrega un kit de limpieza y alimentos no perecibles a los albergados y ellos se encargan de cocinar y limpiar. Ahí solo pueden quedarse durante cinco días, pues está pensado como una alternativa de alojamiento temporal.
En Quito, decenas de venezolanos abarrotan las terminales de Carcelén y Quitumbe, algunos con destino a Perú, otros aguardan sin un plan claro para su futuro. Durante los primeros días de agosto, a las afueras del terminal norte, el Patronato Municipal San José registró más de 150 personas alojadas en carpas, toldos de plástico y cartones colocados sobre el césped del parterre. Dispersos en grupos familiares irregulares, enfrentan las inclemencias del clima quiteño en medio de una incertidumbre en torno a su destino. 

El Gobierno decidió hacer frente a esta realidad declarando el estado de emergencia en el sector de movilidad humana desde el pasado 8 de agosto. Esta disposición se aplicó en las provincias de El Oro, Pichincha y Carchi, para concentrar la cooperación de los organismos internacionales y asignar los recursos públicos a la zona. Alejandra Gando, directora de Comunicación del Ministerio de Relaciones Exteriores, explicó que el alcance de este Decreto no implicaba el cierre de las fronteras y tendría una vigencia de 30 días. La última semana de agosto el viceministro de Movilidad Humana, Santiago Chávez, extendió el estado de emergencia a septiembre.


Como parte del estado de emergencia, el 13 de agosto la Secretaría de Movilidad Humana del Municipio de Quito y la Prefectura de Pichincha activaron los Centros Temporales de Tránsito (CTT) para ciudadanos venezolanos. César Mantilla, secretario de Inclusión Social del DMQ, afirmó que cuando los CTT se abrieron, el 13 de agoto de 2018, 116 personas se movieron desde los refugios improvisados en el intercambiador de Carcelén hacia los cinco CTT habilitados hasta el momento.
Este primer traslado de migrantes venezolanos permitió desmantelar las adecuaciones improvisadas en los alrededores de la terminal terrestre norte. Sin embargo, debido a la cantidad de personas en situación de movilidad, estos espacios se reactivan permanentemente. De acuerdo a la información del Municipio, hasta el 6 de septiembre hubo entre 70 y 110 personas por día en los exteriores del terminal, en donde se han presentado problemas relacionados con la extorsión y abuso a venezolanos.
Pese a que el Municipio planeó habilitar ocho centros de atención temporal con capacidad para 240 personas hasta el 19 de agosto, actualmente seis están ocupados. El Secretario de Inclusión explica que esto se debe a que los otros dos espacios no tienen capacidad para albergar a todas las personas que se encuentran en Carcelén. «Nos encontramos a la espera de que la Secretaría de Planificación y Desarrollo habilite los CTT de la Prefectura de Pichincha para tener la capacidad necesaria y así realizar una intervención en el sector de Carcelén».
En estos refugios se ha albergado alrededor de 280 personas desde el 13 de agosto hasta el 7 de septiembre de 2018Pese a que en principio se estimó que los alojados no podrían permanecer más de cinco días, la realidad es otra. Mantilla indica que los tiempos de atención son distintos en relación a la problemática que atraviesa cada grupo familiar. En este contexto, 77 personas han salido de los CTT y 72 más han ingresado. Esto implica que en los centros hay, en este momento, alrededor de 110 personas.
El Secretario de Inclusión añade que no existen más CTT públicos en otra provincia. Tampoco se han activado nuevos espacios desde el Gobierno Central ni de los gobiernos provinciales de las zonas declaradas en emergencia.
Aunque quienes se alojan en los CTT afirman que son espacios seguros y que brindan ciertas comodidades como: alimentación y atención sanitaria en conjunto con el Ministerio de Salud; los mismos dan cuenta de un esfuerzo local que no alcanza para subsanar una crisis migratoria continental. Los centros de tránsito temporal podrían atender a un 4.4% de las personas que ingresaron exclusivamente el 9 de agosto de 2018, el día que se dio paso a la declaratoria de la crisis del sector de la movilidad humana en Ecuador.