(Opinión)

En Ecuador Chequea preferimos no opinar. Nos alejamos, por principio, de afirmaciones subjetivas que no podamos comprobar, verificar, chequear. Nuestros insumos de trabajo son datos y hechos corroborables. Pero, por primera vez, publicaremos un editorial. Queremos escribirlo contundente y directamente: rechazamos la difusión, por cualquier vía, de contenidos falsos. Como periodistas y verificadores estamos conscientes del peligro que representa la propagación de mentiras, de rumores, de verdades a medias.

La tarde de este 16 de octubre, tres personas fueron linchadas hasta la muerte en Posorja, Guayas. Es de conocimiento público que una turba iracunda -enfurecida por la comunicación de un dato falso, de una aseveración que no era cierta- atacó a dos hombres y una mujer. No era verdad que quienes habían sido aprehendidos por robo eran secuestradores de niños. Una mentira se transformó en sangre.

Hecho: en redes sociales ha circulado información sobre bandas que se dedican actualmente al secuestro de niños en Ecuador. Dato: desde Ecuador Chequea hemos desmentido esos contenidos. Hecho: existe una alarma generalizada sostenida en supuestos. Dato: María Paula Romo, ministra del Interior, indicó este 17 de octubre que, en lo que va del año, la Fiscalía ha recibido la denuncia de un secuestro de niños y la menor ya fue hallada.        

Es un hecho: las noticias falsas pueden iniciar conflictos, fragmentar a las sociedades y manipular a la ciudadanía. El dato: hablar de noticias falsas supone un oxímoron. Las noticias son noticias precisamente porque son reales y han sido verificadas como tal; así lo explicó el periodista Jorge Caraballo, en su artículo ¿Por qué no usar el término “noticias falsas”?

Y aunque la difusión de rumores no es ‘de ahora’, es real que con Internet la propagación y viralización de la desinformación es tan potente, que resulta determinante reflexionar, analizar y comprender mecanismos que eviten su impacto negativo. Una mentira dicha mil veces no, no se convierte en verdad.